24 julio 2017

Fuera de clase

A principios del mes de julio tuve ocasión de impartir el taller Fuera de clase en el marco de un nuevo curso de formación de profesores organizado por la Escuela La Playa. Desde hace tiempo he querido desarrollar este taller ya que soy de la opinión de que, a pesar de los años de experiencia, todavía no hemos sido capaces de sacar el máximo provecho del contexto de inmersión lingüística y cultural en el que tienen lugar los cursos que impartimos.

Tanto en el trabajo de fin de master en la enseñanza de español como lengua extranjera como en el de experto en la enseñanza de ELE a niños y adolescentes me centré en dicho aspecto: en el primero, trabajando en el diseño de actividades y tareas para hacer fuera del aula y, en el segundo, proponiendo la gamificación de los contenidos socioculturales en cursos de inmersión de ELE para adolescentes. Por tanto, de alguna manera, este taller se ha ido gestando durante mucho tiempo.

En el taller partimos de una reflexión sobre el contexto de inmersión:

  1. Elementos diferenciales de los cursos de inmersión: carga horaria, duración, exposición a la lengua meta, etc.
  2. Percepción por parte de alumnos y profesores de actividades fuera del aula: ¿una pérdida de tiempo?
  3. Responsable de aprovechar el contexto de inmersión lingüística y cultural: el alumno, el profesor, el centro...
  4. Formas de aprovechar el contexto de inmersión.
  5. Potencial de la inmersión lingüística y cultural en el proceso de enseñanza-aprendizaje.


En un segundo momento, analizaremos las características de las actividades fuera del aula dentro de la secuencia didáctica, sus fortalezas y peligros, para terminar con ocho actividades que se pueden hacer fuera de clase: todas, por cierto, ya presentadas en este blog.

12 junio 2017

Dante, Kafka, Platón y otros generadores de adjetivos

En esta entrada quiero compartir una idea que he ido desarrollando las últimas semanas pensada para niveles altos, a partir de un B2. En ella, trataremos aspectos como la formación de palabras, el léxico, planteamiento de hipótesis, relaciones de causalidad, etc.

Primera fase: investigación
Comenzaremos repartiendo entre los alumnos (parejas o grupos de alumnos) estas ocho fichas, una a cada uno, y les pediremos que identifiquen el personaje que está detrás de cada uno de los adjetivos. Les explicaremos que son adjetivos derivados de una persona real o de un personaje literario.


Una vez descubiertos los personajes (Dante Alighieri, Franz Kafka, Don Quijote, Nicolás Maquiavelo, Platón, Copérnico, Rocambole y Pantagruel), les pediremos que realicen una investigación sobre el personaje que le ha tocado tratando de encontrar alguna característica clave que pueda ayudarles a descubrir el significado del adjetivo. Es decir, ¿qué relación hay entre Dante y el adjetivo dantesco (más allá de "que tiene relación con"? 

Segunda fase: puesta en común
Terminada la primera parte, es momento de la puesta en común. Cada alumno (o pareja o grupo) presentará brevemente a su personaje y cuáles son sus características más significativas en relación al significado que consideran que puede tener el adjetivo que les ha tocado. Es momento de preguntar si existe un adjetivo similar en su idioma y su significado.

Para la resolución de la actividad, tiraremos del DRAE, recorriendo las diferentes acepciones de cada adjetivo hasta encontrar la que nos interesa (haciendo clic sobre cada imagen llegarás a la página del DRAE correspondiente).


Tercera fase: uso en contexto
Ahora que conocemos el significado de estos adjetivos tan especiales es momento de utilizarlos en contexto. En un primer momento, pediremos a los alumnos que sustituyan los adjetivos aprendidos que encontrarán en cada una de las fichas que les entregaremos (ver a continuación) por algún sinónimo.


A continuación, podemos pedirles que creen diálogos en los que incluyan algunos de los adjetivos aprendidos.

Cuarta fase: creatividad
Podemos terminar esta secuencia didáctica con una propuesta creativa y divertida. Comenzaremos recordando los sufijos que se han utilizado para crear los adjetivos con los que hemos estado trabajando: -esco, -ano, -ico. Y cómo se han creado los nuevos adjetivos a partir de los nombres propios de los personajes.

A continuación, en la pizarra escribimos los nombres de los alumnos y algunas características que los identifiquen. Después, procederemos a la formación de nuevos adjetivos, por ejemplo, de Ramón formamos ramoniano, de Anna tenemos annesco o de Johannes podríamos formar johannico. Con los nuevos adjetivos y a partir de las características aportadas sobre cada persona, elaboraremos una definición como las del DRAE y un ejemplo de uso.

Material
Aquí tienes todas las fichas para el desarrollo de esta actividad en una presentación:



09 mayo 2017

No te entiendo. 10 frases que se prestan a malentendidos culturales

Estoy convencido de que la mayoría de los malentendidos que sufren nuestros alumnos no se deben tanto a cuestiones lingüísticas (un tiempo verbal mal usado, una preposición incorrecta, una pronunciación poco clara...) sino a aspectos relacionados con los hábitos sociales y culturales del país donde viven, trabajan, estudian o realizan su experiencia de inmersión.

En esta línea de reflexión, he seleccionado diez frases que, si bien lingüísticamente no implican ninguna dificultad en su mayoría, sí que contienen un fuerte componente sociocultural cuyo conocimiento se antoja clave para evitar malentendidos.


Quedamos después de comer Cuando pregunto en clase a los alumnos si entienden la frase, suelo recibir un rotundo sí que se torna en dudas --cuando no directamente en una catástrofe cultural-- cuando les pido que me digan qué hora es para ellos después de comer. ¿La una y media?, ¿las dos?, ¿acaso las dos y media? La imagen mental que nos hacemos los españoles de después de comer no tiene nada que ver con la que tienen los extranjeros. Ni la hora de comer es la misma ni después de comer significa inmediatamente tras la comida. 


Te lo mando a mediodía Pues no, por paradójico que parezca, el mediodía no es el mediodía, es decir, nuestro mediodía no son las doce sino la hora de comer. Si, como en el ejemplo, alguien nos promete enviarnos unas fotos a mediodía, no es necesario que consultemos el correo electrónico a partir de las doce, mejor échale un ojo a tu buzón de entrada a partir de las dos.


Ahora te llamo Este es uno de mis favoritos. ¿Te has parado a pensar (sí, te digo a ti, españolito) cuántas veces usamos ahora y no queremos decir ahora sino luego o más tarde o ya veremos cuando? Lo que sí es verdad es que cuando usamos ahora nos estamos comprometiendo a hacerlo, a no olvidarnos, a tenerlo presente...


¿Comemos o tapeamos? Pero, ¿acaso tapear no es comer? Lo que verdaderamente encierra la diferencia entre comer y tapear es la forma de hacerlo. Es cierto que podemos tomar una tapa antes de ir a comer pero también lo es que podemos sustituir el primero, segundo y postre sentados a la mesa --comer-- por disfrutar de una de rusa aquí, un pincho de langostinos allí y unas bravas en este otro bar --tapear-- y, incluso, que podemos picar algo mientras vemos el fútbol en casa... y ya no ceno.


Póngame la mitad del cuarto En España (ni al dar una receta a la vecina ni al comprar en la pescadería) solemos usar la exactitud de los gramos, práctica habitual en otros países. Dejando a un lado el poquito, la pizca, el chorreón, las dos cucharadas soperas, etc. solemos usar --¡sobre todo nuestras madres!-- expresiones como cuarto y mitad, la mitad del cuarto, tres cuartos de kilo o kilo y medio al pedir la carne o los embutidos al dependiente.


Pues yo me voy a ir yendo ¡Tres veces el verbo ir! Si esta frase fuera un plato de un restaurante con tres estrellas Michelin se llamaría "Verbo ir en tres texturas". Para entendernos, es un aviso, un anuncio... de que está llegando la hora de recoger, la hora de volver a casa, la hora de dejar una grata compañía o una maratoniana jornada laboral. No es que me vaya a ir ya, ya (otra maravillosa expresión: ya, ya... esto sí que es inmediato y no el ahora que comentábamos arriba) sino que voy a empezar a recoger.


Vuelvo en 5 minutos Pues claro que no son cinco minutos de sesenta segundos; es, más bien, un rato. Una forma de decir que la tienda ya está abierta pero he tenido que ausentarme un momento. Que vuelvo, ¿eh? Mejor pásate en media hora para estar seguro.


Voy a celebrar mi cumpleaños con una merienda en casa ¿Con una qué? ¿Y eso qué es? ¿Y qué se come? ¿Y a qué hora? ¿Hay que llevar algo? La merienda, esa gran desconocida... bueno, sí y no. Más bien sería incomprendida. A mis alumnos les encanta el chocolate con churros: muchos piensan que es un postre... ¡no!, es un desayuno o una merienda, precisamente. ¡Y qué decir de la merienda-cena! Pues, como dijo alguna vez alguien: es como un brunch pero por la tarde. Pues eso.


Me voy a la biblioteca un rato Superado el primer escollo por parte de los alumnos (la confusión entre rato y rata o ratón), el problema es peor: ¿cuánto dura un rato? Según el diccionario de la Real Academia Española, un rato es un 'espacio de tiempo, especialmente cuando es corto'. Vale, ¿pero cómo de corto? Es una cantidad de tiempo indeterminada, cierto es que no muy extensa, que varía en función de la actividad. No es lo mismo decir que me voy a la biblioteca un rato o que voy a echarme un rato la siesta.


Mis hermanos y yo trabajamos juntos "El burro delante, para que no se espante" suelen recriminar padres y profesores a los niños que dicen "Yo y mi hermana nos queremos mucho". Si bien no hay malentendido en el uso antepuesto o pospuesto del pronombre personal de primera persona, sí que al nativo le rechinará escucharlo y, en muchos casos, lo asociará a mala educación.

28 abril 2017

Gramática, cultura y juego

Como os informaba hace unos días, el fin de semana del 22-23 de abril, estuve en Varsovia, participando en el VIII Encuentro de profesores ELE de Polonia que, con 114 profesores matriculados, fue todo un éxito de asistencia, participación y organización.

Con dos programas de talleres simultáneos, tuve la enorme suerte de contar con más de 70 profesores en mi taller sobre Gramática, cultura y juego, para cerrar la sesión del sábado. Como les prometí a todos los asistentes os dejo la presentación que utilicé durante el mismo en el que, los que sois lectores habituales de este blog, encontraréis reunidas muchas de las propuestas que he ido compartiendo en estos años y que tienen total vigencia:


Del mismo modo, comparte dossier de trabajo que repartí a los profesores participantes compuesto por plantillas de juegos mudos a fin de fomentar y desarrollar la creatividad.



Y también las tarjetas que utilicé en la primera parte del taller para animar la participación, para descubrir la faceta creativa e imaginativa que todos tenemos y, finalmente, para organizar los grupos de trabajo. Ya las conocéis, al menos en su anterior versión, y conocéis el potencial que tienen en el aula.



Para terminar, os dejo algunas fotos del encuentro y del taller, donde se puede ver el gran ambiente que se respiraba en el que, además, hubo reencuentros, las desvirtualizaciones propias de este tipo de eventos, pasión por el español, ganas de aprender y de compartir. Muchas gracias a todos.


21 abril 2017

Hablando de cultura, gramática y juegos en Varsovia

Estoy encantado de anunciar que mañana sábado tendré ocasión de impartir un taller en el marco del VIII Encuentro de profesores ELE de Polonia, que se celebra los días 22 y 23 de abril en Varsovia. Estas jornadas, organizadas por la Consejería de Educación de la Embajada de España en Polonia, llevan celebrándose anualmente desde 2010 y reúnen a más de cien profesores de español que trabajan en Polonia.

El programa es verdaderamente atractivo con talleres que tratarán temas tan diversos e interesantes como el lenguaje cinematográfico, los cómics y los cortos; la narrativa, el fomento de la interacción oral y las figuras retóricas; la motivación, las imágenes y el rap; la enseñanza de ELE a niños, adolescentes y adultos. El juego como vehículo para trabajar en el aula aspectos de la gramática y de la cultura será el contenido de mi taller, en el que buscaré fomentar la creatividad de los profesores participantes.

Será un placer, además, reencontrarme con amigos y colegas que están trabajando en Polonia y a quienes me une una estrecha amistad y un gran afecto.

17 abril 2017

Dime un número y te diré quién eres

Con frecuencia, las propuestas didácticas más sencillas suelen ser garantía de éxito. Mucho más cuando esa sencillez es aparente y detrás se esconde una interesante reflexión que aflora en el aula. La sencillez de esta actividad reside en su funcionamiento: solo vamos a pedir a nuestros alumnos que digan el número que asocian con cada idea que les vamos a presentar. Es una actividad que
  • promueve la interacción oral
  • es significativa
  • es divertida
  • es sorprendente
  • desvela creencias y hábitos personales, sociales y culturales
  • facilita el desarrollo de actitudes y habilidades interculturales
  • es aplicable a muchos niveles de lengua
Lo más importante es que el alumno entienda la dinámica de la actividad y única y exclusivamente diga un número ya que, de otro modo, condicionaría las intervenciones de los compañeros y del profesor. Veamos un ejemplo para que quede claro. Lanzamos la siguiente idea:


Para que la actividad funcione bien, solo queremos escuchar tres, cuatro, cinco, diez o quince. Nada más. Una vez terminemos de presentar las diferentes ideas y de anotar los números que dice cada alumno, será el turno para que cada uno se explique y se abra el debate. El que dice tres, por ejemplo, explica que son litros de agua; el de cuatro habla de cafés al día; el que ha dicho cinco se refería a copas de vino; el de diez, habla de cócteles; el de quince, a cervezas. Si, por el contrario, el primero hubiera dicho "tres copas de vino", probablemente el resto de compañeros hablaría de vino también o de bebidas alcohólicas, perdiéndose la libertad, espontaneidad y significatividad y, por supuesto, el trasfondo cultural que encierra.


En este caso los números se suelen asociar a las horas diarias y también a las horas semanales (no solo según lo que establezca la ley de cada país sino en función del trabajo de cada alumno, por ejemplo, los números serán muy cambiantes)... o a los días semanales o a la vida laboral de una persona. E incluso, a las horas (de entrar o de salir del trabajo).


Este es de mis favoritos. Suelen aparecer números bajos (uno, dos...) pero lo sorprendente está en la referencia de cada alumno porque unos hablan de visitar a la familia una vez al día, una vez a la semana, una vez al mes o una vez al año. Luego llegan las aclaraciones, explicaciones y justificaciones. Muy interesantes todas.


Esta es otra mina ya que en el trasfondo encontramos, por un lado, cuestiones personales y, por otro, hábitos socioculturales. Entre estos últimos, lógicamente, la moneda en la que se expresará y la periodicidad: ¿2000 euros mensuales, 1000 dólares semanales, 25 libras por hora?


¿En días o en semanas de duración? ¿En dinero que se gasta por persona o por noche de hotel? ¿En kilómetros de distancia del lugar donde vivimos? Probablemente, es la propuesta más abierta de todas.


Y de la más abierta, a la más divertida. Solemos encontrarnos dos formas de afrontar este concepto: haciendo referencia a la edad de jubilación (65, 67, 68... en cada país) o, la que es más divertida, desde la perspectiva personal. Los alumnos adolescentes suelen hablar de 40 años (para soponcio del docente), otros lo asocian con la edad de sus padres o abuelos...


Estas dos están más relacionadas con los hábitos personales pero también con las creencias sociales, con las presiones de los padres o profesores a los menores de edad, a la importancia que se le da al tema en cada país, etc.


Y, para el final, el más polémico. Llegar tarde, como todo lo que he hemos visto más arriba, es algo absolutamente relativo, personal, cultural, social... pero probablemente se presta a más debate y, sobre todo, a tirar de más tópicos que se pueden desenmascarar con habilidades interculturales de respeto y escucha.

¿Te la llevas a clase?