22 mayo 2018

De 0 a 99 años: el valor del juego en el aula de ELE

La semana del 9 al 13 de julio, organizado por el Centro Internacional de Español de la Universidad de Málaga, tendrá lugar la 26ª edición del Curso de Didáctica del Español como Lengua Extranjera. En el año 1998 asistí a este curso en el que fue mi primer acercamiento a l mundo del ELE, absolutamente desconocido para mí por aquel entonces. Este mes de julio, justo 20 años después, tendré ocasión de volver como ponente, una coincidencia muy especial.


El curso (30 horas, 3 créditos ETC) está diseñado para dar a conocer las principales tendencias metodológicas, así como las novedades más significativas relacionadas con esta área de la enseñanza para lo que el programa se organiza en clases expositivas, talleres presenciales de realización individual o cooperativa, sesiones de trabajo personal con sus correspondientes puestas en común y presentaciones de las últimas novedades editoriales relacionadas con el ELE.

En el taller que presentaremos --De 0 a 99 años. Juegos y técnicas docentes para la clase de ELE con niños, adolescentes y niños--, partiremos de una reflexión sobre las características del aprendizaje en diferentes edades para, en un segundo momento, proponer un intercambio de ideas y experiencias de juegos, dinámicas, técnicas docentes lúdicas... para trabajar diversos contenidos en clases de español con niños, adolescentes y adultos.

08 mayo 2018

Instagram Stories, una herramienta didáctica

A estas alturas de la película, muy poco queda por decir de Instagram, la red social/aplicación más de moda y más influyente en la actualidad, sin duda, desbancando a los todopoderosos Facebook y Twitter. Y de entre las utilidades de la aplicación, parece ser que el recurso rey es Instagram Stories (eso que en otras redes se les llama Live): un espacio en el que se comparten fotos y videos durante solo 24 horas, otorgando el dinamismo, la actualidad y el engagement imprescindible en toda red social.

Instagram Stories permite subir fotos y videos (con múltiples efectos, iconos, gifs...), insertar textos (con diferentes formatos) y hashtags, incluir encuestas interactivas, mencionar a otros usuarios y, por supuesto, dejar comentarios. Con el traje de profesor puesto, eso se traduce en un enorme potencial didáctico para la comunicación y la interacción, además de ser una herramenta muy motivadora y signiticativa. ¿Qué podemos hacer en el aula de ELE?

Pasapalabra malagueño
En Enforex Málaga (@enforexmalaga) hemos propuesto la versión malagueña del popular juego Pasapalabra. En este #PasapalabraMalagueño publicamos cada mañana la palabra del día. Se compone de dos imágenes enriquecidas: la primera introduce la letra con la que jugamos y la segunda incluye la definición y, usando la opción de encuesta, las dos opciones que pueden votar los usuarios.


Cuando votas aparecen los porcentajes que han votado los usuarios para que tengas una idea de si vas por el buen camino o no. 


Al final del día, publicamos en nuestra cuenta las dos imágenes anteriores más (la letra y la definición) y una tercera con la solución acompañada de una imagen que ayuda a la comprensión y al aprendizaje. ¿Te animas a jugar? Te esperamos en nuestra cuenta, ¡participa!

 

Desde el punto de vista académico, hay un elemento que debemos valorar: Instagram permite ver al titular de la cuenta no solo el resultado de la encuesta en términos de porcentaje, sino que nos dice cuántas personas han visto cada foto, cuántas personas han respondido, cuántos han elegido cada opción e, incluso, quién ha votado por una u otra. De este modo, podemos usar esta opción como herramienta de evaluación.

Te mando un mensaje
Usando también Instagram Stories, podemos proponer un trabajo en clase de expresión e interacción escritas, pidiendo a los alumnos que envíen mensajes personalizados a sus compañeros y profesores para felicitar un cumpleaños --como en el caso de la foto de más abajo--, para pedir algo, para compartir una experiencia, para expresar un deseo, para proponer un plan o para cualquier otra cosa que nos pueda interesar desde el punto de vista curricular.


Cuéntame un cuento
Otro uso interesante para la clase de español es, aprovechando la caducidad de las publicaciones en Instagram Stories (24 horas), pedir a los alumnos que nos cuenten qué hicieron ayer, dónde fueron, qué comieron, a qué evento asistieron...




En este caso, las imágenes o videos publicados en Instagram Stories serán el apoyo para la narración oral del acontecimiento en cuestión. En las imágenes que acompañan este apartado, podéis ver algunas fotos de la historia de la boda de mis amigos Jesús y Marian y un partido de baloncesto entre Unicaja y Barcelona.

Pero podemos dar un salto más y esquivar la caducidad de la que hablamos. ¿Cómo? Guardando las stories en lo que Instagram llama Historias destacadas. Al hacer esto, nos pide que seleccionemos las fotos publicadas (ya enriquecidas) y creemos una especie de álbum al que hay que ponerle un título. De ese modo, podemos proponer esta actividad como tarea para el fin de semana. Al guardarlas, las tendrán disponible para el lunes en clase.




Recomendaciones
La siguiente propuesta es una adaptación a esta red social de una que ya propusimos para Twitter hace unos años, con la diferencia de que en Instagram la imagen tiene un gran peso. Podemos usar un hashtag pedir a los alumnos que lo usen y fotografíen un libro, un disco, una película, un lugar que visitar o cualquier otra cosa que quieran recomendar a los compañeros. Es recomendable que se etiquete a los compañeros y al profesor, para que el seguimiento (y la evaluación, si fuera pertinente) sea más sencillo.



Recetas paso a paso
Y, por supuesto, un clásico de nuestras clases de ELE --y de cualquier clase de una lenguas extranjera-- es presentar una receta. Instagram Stories nos permite ver el proceso (por medio de las fotos y los vídeos). En este caso, el apoyo visual será de gran ayuda (al presentar los ingredientes, los procesos y el resultado). Con los comentarios, los compañeros pueden hacer preguntas y expresar sus gustos, enriqueciendo la actividad.





07 marzo 2018

Reflexión: el día más complicado del profesor de español

De unos días a esta parte tengo la necesidad de escribir sobre un tema que me ronda la cabeza. Al sentarme ante el blanco de la pantalla de mi portátil me vino a la mente el título de una entrada que había publicado con anterioridad y que, a lo mejor, algo tenía que ver con esto... me acuerdo que se era algo así como la dimensión humana del profesor de español, así que me puse a bucear entre las casi 500 entradas publicadas hasta el momento y resulta que el texto en cuestión ¡es de 2009!


En dicho artículo reflexionaba sobre algo que hoy sigo pensando igual pero que verbalizo de otro modo: la dimensión humana del docente debería tener más presencia en cualquier programa de formación de profesores; incluso, el propio profesor debería trabajarla durante su vida profesional. Todavía no he entrado al 100% en el tema, dicho sea de paso.


La primera vez que escuché la afirmación de que el aula es un ecosistema decidí adoptarla como propia porque no puedo estar más de acuerdo con el concepto. En ese ecosistema, además de contenidos lingüísticos, destrezas, estrategias de comunicación y de aprendizaje o reflexión gramatical se establecen una relaciones interpersonales, relaciones que deben desarrollarse dentro de un ámbito intercultural de respeto y tolerancia.

Nos preocupamos mucho --y con razón, por supuesto-- de cómo ayudar al alumno a la hora de gestionar su frustración; reflexionamos sobre cómo acompañarlo y guiarlo a la hora de afrontar el error; nos esforzamos en descubrir cómo liberarlo del estrés ante las pruebas de evaluación; buscamos estrategias para que el alumno gestione y canalice de modo correcto sus emociones. Pero, ¿y el profesor? ¿Qué pasa con el profesor?


En el contexto de inmersión arriba mencionado --mi ámbito educativo-- es en el que quiero centrar mi reflexión. Este contexto lleva implícita una serie de situaciones que, por más evidentes y obvias que sean, no quiero dejar de mencionar y que, de cara a mi reflexión, quiero organizar en tres principios:
  • Cada lunes entran nuevos alumnos en el centro y en la clase. Cada viernes salen alumnos de los grupos y del centro. Por tanto, el ecosistema del que hablamos está en permanente mutación.
  • Trabajamos con personas y, como personas que somos en un determinado lugar y un determinado momento, generamos relaciones como las de cualquier sociedad, como las de cualquier comunidad.
  • El objetivo de nuestros alumnos es aprender una lengua para comunicarse. Esa lengua que ellos quieren aprender es nuestra herramienta de trabajo. Con la lengua compartimos muchas cosas: culturales, sociales, personales... y eso nos acerca como seres humanos que somos.



Todo este análisis me lleva al centro de mi reflexión. Cada profesor establece lazos humanos con ciertos alumnos --por compartir ideas y experiencias; por compartir aficiones; por compartir tantas horas, sin duda; por compartir ilusiones; por compartir incluso problemas comunes... ¡por ser personas!-- que un día tienen que volver a sus casas... casas que están a miles de kilómetros. Y ese es el día más complicado para el profesor.

Y los profesores, al menos desde mi experiencia personal, no lo verbalizamos, no lo exteriorizamos, no lo compartimos. Personalmente es algo que no llevo bien, nada bien. Esa situación que se produce de vez en cuando me afecta y me afecta mucho. Las semanas que dejan la escuela esos alumnos no estoy cómodo. El lunes siguiente los echo mucho de menos.


¿Hay quien cree que con el paso de los años uno se acostumbra? Yo no, lo confieso. Es fácil entender que el alumno que, tras una intensa experiencia de inmersión en un país extranjero, vuelve a su ciudad y a su país se pone triste y le resulta dura la despedida. Pero, ¿y el que se queda? ¿Es acaso esa situación más fácil y llevadera para el que se queda que para el que se va? ¿El que se queda no lo pasa mal? ¿Acaso el alumno nuevo sustituye el hueco del que se va y todos felices? No, no es así. Y cada profesor --como persona que es-- lo sufre con unos alumnos --como personas que son-- y otros con otros. No es una decisión de un claustro de profesores, es un sentimiento de cada individuo.


Yo tengo mi lista, mis nombres, mis momentos... incluso mis lágrimas. Recuerdo que una vez varios profesores, tras una de esas despedidas significativas, optamos por comprar en el supermercado una botella de vino tinto y ahogar esa pena

Ciertamente están las redes sociales y el WhatsApp que, sin duda, hacen más llevadera la situación. Y, por supuesto, hay ocasiones mágicas --menos de las deseada pero profundamente intensas-- en las que se producen reencuentros por el mundo que dotan de sentido todo lo vivido. 

Estoy seguro de que cada profesor tiene su Hanako, su Yuka, su Melanie, su Michael, su Maria, su Caroline, su Sara, su Baris, su Beste, su Beatrice, su Gamze, su Sandrine, su Giovanni, su Larissa, su Eman, su Andrea, su Silvia, su Gabriela, su Monica, su Hannah, su Pai Pin, su Pierre, su Radmila, su Palma, su Chiara... son parte de nuestras vidas.

05 febrero 2018

Taller sobre explotación didáctica de ilustraciones gastronómicas

El último fin de semana de enero, como en otros años --y ya van cinco--, tuve la suerte de ser invitado a la octava edición del FONCEI, organizado por Cervantes Escuela Internacional bajo la dirección académica de Patricia Santervás que, en esta ocasión, utilizó la metáfora de la gastronomía para dar sabor a las clases de ELE. Cerca de un centenar de docentes nos dimos cita durante un fin de semana en este encuentro de formación de profesores.


En mi taller, que titulé Llenando el ojo antes que la barriga, me ocupé de la explotación didáctica de ilustraciones gastronómicas. Os dejo la presentación:


El taller se dividió en tres momentos:

En la primera parte del taller di a conocer varios ilustradores, diseñadores, fotógrafos o empresas de publicidad cuya obra, total o parcialmente, han dedicado a la gastronomía. Entre otros, algunos que ya conocéis porque han pasado por este blog, como Laura Tejedor (@amigadelamandarina), la empresa australiana TBWA o Diego Cusano (presente en mi otro blog) y posibles explotaciones didácticas para las clases de ELE.


En la segunda fase, precisamente, me centré en Diego Cusano y sus creaciones y les propuse a los profesores que imitaran sus obras, siguiendo la dinámica de la Caja misteriosa, la prueba del gastronómico programa de televisión Masterchef. A cada grupo --por cierto, los grupos los formé haciendo que cada profesor encontrara de qué país es típico el plato que se le había asignado al azar-- se le entregó un sobre con un tema (El paisajista --morado--, Animales imposibles --amarillo--, Semana de la moda --verde--, Vaya invento --azul-- y Cuéntame un cuento --rosa--), una cartulina, un rotulador y un alimento, además de una lámina con cinco ilustraciones de Diego Cusano. Cada grupo tenía que hacer la sexta de la serie... con este sorprendente resultado:


Tras demostrar la capacidad creativa que todos tenemos --y de la que tan frecuentemente renegamos tanto profesores como alumnos--, analizamos las posibilidades en el aula de estas ilustraciones así como la relación entre la imagen y la gastronomía: poder evocador, capacidad para generar opinión y vinculación con la cultura.

Pasamos un rato muy divertido y --creo-- provechoso para los profesores, que descubrieron el potencial didáctico de estas ilustraciones así como una fuente de inspiración para sus clases.